jueves, 24 de mayo de 2007

Cómo innovar en una era de austeridad

Todo mundo sabe que el crecimiento -el verdadero crecimiento, no la aglomeración- surge de la innovación. Y la lógica común es que las empresas deben gastar cuantiosamente en I&D si quieren innovar en lo más mínimo. Pero en estos tiempos de austeridad, en cada item de cada presupuesto en cada empresa está bajo un intenso escrutinio, muchas organizaciones están haciendo justo lo contrario. Se aprietan el cinturón, someten a sus nacientes programas de desarrollo de productos a rigurosos filtros y entrenan a su personal de I&D para pensar en términos de negocios, de manera que los investigadores estén mejor capacitados para decidir si vale la pena perseguir una idea de producto o servicio en primer lugar.
Tales medidas de eficiencia son loables. Pero la frugalidad no es una estrategia de crecimiento, y en realidad, existe muy poca correlación entre el desempeño de las empresas y la cantidad gastada en innovación. Empresas como Southwest, Cemex y Shell Chemicals han mostrado que no hace falta gastar una fortuna en I&D para obtener los beneficios de la innovación.
Para generar más crecimiento por dólar invertido, las empresas deben generar más innovación por dólar invertido. Para que las empresas puedan mejorar drásticamente el rendimiento de su innovación, se mencionan cinco imperativos: aumentar el número de innovaciones entre los empleados existentes (cualquiera sean sus cargos), involucrándolos en procesos y eventos de innovación; enfocarse en desarrollar ideas verdaderamente radicales -aquellas que cambien las expectativas y comportamientos de los clientes y la economía del sector-, y no sólo ideas incrementales; buscan fuentes de innovación fuera de la organización, así como en su interior; aumentan el aprendizaje de experimentos pequeños y de bajo riesgo; y se comprometen con iniciativas de desarrollo consistentes de largo plazo.